de miles de pesos, aproximadamente $10,000 dólares al mes, según dijeron Rita y Eduardo. Al describir lo que entendieron de la propuesta, me dijeron que el prestamista les prometió una vez más que pusieran el dinero en un fondo o en un negocio que involucraba a Ortiz, pero que ellos no tenían idea de qué tipo de negocio. Caraballo, dijeron, les aseguró que ellos arreglarían los detalles al día siguiente en su oficina.
En este trayecto en el carro fue la primera vez que Belfi supo que él saldría del banco con poco o ningún dinero. Pero él me dijo que confiaba en sus padres, en Caraballo y en cualquier plan que involucrara a Ortiz.
Ya en el banco estaba Jiménez, el antiguo entrenador de Belfi. Él me dijo que estaba ahí como amigo de la familia para estar pendiente de cómo iban las cosas. Pero también admitió que estaba ahí con la esperanza de que Rita y Eduardo le darían algo más por sus años entrenando a Belfi.
A la familia de Belfi la llevaron a un salón para revisar la documentación con un banquero. Según Rita y Eduardo, Caraballo entró y salió para asegurarse de que la familia le firmara el dinero para invertir. A diferencia de Belfi, su hermano estaba alarmado con lo que estaba pasando. Él le envió un texto a Jiménez diciendo que Caraballo se estaba robando el bono. Jiménez dijo que comenzó a seguir a Caraballo alrededor del banco, llamándolo ladrón. Eduardo recuerda a Jiménez gritando, “Caraballo, no engañes a esos pobres infelices”. El prestamista, en respuesta, acusó a Jiménez de intentar estafar a la familia.
En medio de los gritos, Belfi le dijo al banquero que quería quedarse con una parte del dinero para poder tenerlo cuando lo promovieran a las menores en los Estados Unidos. Con la asesoría del banquero, él se quedó con $196,000 dólares. Según Rita, Caraballo estaba molesto de que no estaba obteniendo la cantidad completa y dejó claro que estaba enojado porque la familia no confiaba en él. Protegido por dos guardaespaldas, salió rápido del banco con un cheque de caja de $703,900. El memorando del cheque decía “pago entrenador”.
En su declaración, Ortiz dijo que nunca estuvo al tanto de que Caraballo “operaba un fondo de inversiones a través del cual el dinero perteneciente a peloteros supuestamente se tomaba o se utilizaba para fines de inversión”.
El BHD no respondió a preguntas detalladas con relación a las experiencias de Belfi en la sucursal de Boca Chica. Sin embargo, el banco dijo en un comunicado que está comprometido con “la protección de todos nuestros clientes, incluyendo los jóvenes prospectos peloteros. Las decisiones sobre el destino de los fondos de nuestros clientes corresponden exclusivamente a los titulares de las cuentas o a las personas legalmente autorizadas para actuar en su nombre”.
Eduardo me dijo que con frecuencia vuelve a pensar en ese día, dándose cuenta de que fue la culminación de haber sido tomado por tonto. Él escuchó con atención cada palabra de los consejos de Caraballo, todo hasta llevarlo “al gancho”: entregar el dinero en el banco “sin papel, sin documento, sin nada”.
Hay cientos de academias de entrenamiento no reguladas en la República Dominicana, desde campos descuidados hasta instalaciones relucientes.Crédito: Chris Alcantara/ProPublica | Cortesía
Rita dijo que ella llamó a Caraballo para reunirse al día siguiente, pero él le dijo que había viajado a Miami. En las semanas siguientes, ellos trataron de llamarlo en numerosas ocasiones, dijo ella, pero él ni tomaba la llamada o las llamadas se caían. Los estados bancarios muestran que él les envió tres pagos por un total de menos de $10,000 dólares, dinero que ellos entendieron era el resto del préstamo que él había acordado más de un año antes.
Finalmente, Rita dijo que Caraballo le dejó claro que la inversión con Ortiz había fracasado. Que él no le iba estar pagando a la familia los dividendos mensuales como había prometido. Pero, según dice Rita, él le aseguró que “cualquier cosa él está ahí, nos ayuda en lo que sea” para apoyar a la familia.
Para ese entonces Rita y Eduardo se habían enterado de casos de otros padres que acusaban a Caraballo de haberles robado el bono de sus hijos. La familia, ella se dio cuenta, tenía que conseguir un abogado. Ella solo conocía a uno, un abogado comercial local quien aceptó tomar el caso y trajo a un criminalista de Santo Domingo.
En la opinión de los abogados, el interés que Caraballo le cobró a la familia de Belfi era legal bajo la ley dominicana. Sin embargo, en una queja a los fiscales que presentaron en noviembre de 2024, describieron como fraude la promesa de Caraballo de invertir el dinero de la familia y pagarles dividendos, aprovechándose de la “vulnerabilidad de [un] menor”.
“Es obvio que el imputado nunca tuvo la finalidad de una inversión en algún mercado bursátil, sino que se aprovechó de su ‘aparente amistad’ con David Ortiz y eso sumado a la admiración que ejerce la ciudadanía en pro del ex pelotero”, escribieron ellos.
Poco después, la madre de Rita murió, y Caraballo la llamó para ofrecerle sus condolencias, así como también 100,000 pesos, un poco menos de $1,600 dólares, para cubrir el funeral y otros gastos. Rita dice que le dijo que haga que sus abogados llamen a los abogados de ella.
Belfi, también, había perdido la confianza en Caraballo. La cadena dorada que el prestamista le había dado el día de la firma, la que hizo sentir a Belfi como que ya había llegado como pelotero, había comenzado a ponerse negra. La cadena, se dio cuenta Belfi, era de hierro, y él la tiró a la basura.
Caraballo continuó enviándole mensajes, me dijo Belfi, intentando hacer que él pudiera persuadir a sus padres para retirar la demanda. Siguiendo el consejo de los abogados, Belfi lo bloqueó. Poco antes de cumplir 18 en diciembre de 2024, Belfi estaba en Pedro Brand, caminando desde un campo de béisbol local cuando, según él, una camioneta blanca marca Volvo se paró a su lado. El conductor, un hombre que Belfi nunca había conocido, le dijo que se subiera. Belfi dice que el hombre tenía una pistola en la cintura.
Una vez montado en el carro, Belfi dijo, el conductor le informó que lo iba a llevar a ver a Caraballo en Santo Domingo. Belfi estaba seguro de que el prestamista había despachado “una maldad”. El hombre llevó a Belfi a una joyería, en donde Caraballo lo estaba esperando. Estaba de muy buen humor, me dijo Belfi. Lo saludó con calidez y después de consultar con el joyero, eligió una cadena y le dijo a Belfi que era un regalo.
Luego ellos se fueron a la oficina de Caraballo, en donde el prestamista reveló el propósito de la reunión. Según Belfi, Caraballo le dijo que los Diamondbacks no iban a querer un prospecto que estuviera involucrado en algo tan feo como una demanda. Belfi también dijo que Caraballo le advirtió que si tenía un caso legal abierto, no lo dejarían salir del país para jugar en las menores. La última afirmación no es verdad, pero Belfi no sabía eso.
El día después de que Belfi se convirtió en adulto legalmente, dijo él, el conductor lo recogió y lo llevó a la capital para sacar su cédula. Después de eso, fueron a la oficina de Caraballo en donde el prestamista y un abogado estaban esperando, y Belfi firmó los papeles que pusieron frente a él. “Y ya, el miedo habló”, me dijo Belfi.
El significado de esos documentos se volvió claro en los meses siguientes. Con su firma, Belfi había despedido a sus abogados, había contratado a los abogados de Caraballo como propios y había retirado la demanda. La acción criminal en contra de Caraballo, escribió el fiscal en una decisión final, “se ha extinguido”.
Capítulo 8
Casi inmediatamente Belfi se arrepintió de haber firmado los documentos que socavó el caso en contra de Caraballo. Con lágrimas en los ojos, pidió disculpas a sus abogados. Cuando hablé con uno de los abogados, Omar Chapman, dijo que pensaba que el prestamista se había aprovechado de Belfi. Caraballo le dijo: “Mire, este documento es para resolver todos los problemas, no te preocupes”, dijo Chapman, quien agregó que Belfi podría ser legalmente un adulto, pero “él llegó como hasta tercero de la primaria”.
Me dijo que para la Navidad pasada ya había gastado los 196,000 dólares. Pagó las múltiples deudas de su familia, cubrió la cirugía del pie de su padre, invirtió dinero en la barbería en problemas de su hermano, y según él mismo admitió, gastó el dinero en cosas estúpidas: préstamos a amigos que no va a recuperar y en joyería para él y sus novias.
Cuando se acercó la Navidad, Caraballo envió un mensajero a Rita con $20,000 pesos, un poco más de $300 dólares, para comida y ropa para los niños. Rita me dijo que ella sabía lo que estaba haciendo Caraballo. “Él básicamente está tratando de comprarnos de nuevo … para quedarse con lo que él quiere de nosotros”, dijo ella. Pero esta vez, ella no rechazó la limosna.
Cuando visité a Rita y Eduardo este verano, ellos parecían estar en peores condiciones que la primera vez que los vi. Con cuatro niños todavía en casa, Rita recientemente había abierto un puesto de comida al otro lado de la calle, vendiendo salami, plátanos, huevos y café a las personas que van de camino al trabajo. Es un trabajo miserable y plagado de moscas que la obliga a levantarse a las 4 de la mañana para ganar apenas cinco dólares al día. Eduardo sigue trabajando como guachimán en una escuela local.
Belfi me dijo que los Diamondbacks le pagaban $100 dólares a la semana durante los dos meses y medio que juega en la liga de verano dominicana y que el equipo le provee a sus jugadores los suministros para jugar cuando firman, pero después ellos están por su cuenta. Antes de la última temporada, Belfi tomó prestado aproximadamente $2,500 dólares de un prestamista local, y gastó parte de ese dinero en clavos, un guante, bates y medicina para su papá. El préstamo venía con un interés de 30% cada dos semanas. La deuda creciente causó que Belfi se mantuviera alejado de Pedro Brand.
Fui a la academia de los Diamondbacks, unas instalaciones nuevas e inmaculadas, con la esperanza de ver a Belfi jugar. La liga de verano, que tiene tantos peloteros que la mayoría de las organizaciones llenan múltiples equipos, es un reflejo del enfoque de volumen de las Grandes Ligas con respecto al talento latino. Pocos jugadores duran más allá de las tres temporadas — o los promueven, o los eliminan.
Belfi ha completado su tercera temporada en la Liga de Verano Dominicana.Crédito: Chris Alcantara/ProPublica | Cortesía
Belfi está ahora en su tercer año. En sus primeras dos temporadas, tuvo dificultades para batear un mísero .202 con un jonrón. Ya no aparece en los ranqueos de los prospectos internacionales. Sus amigos que firmaron el mismo año que él han sido promovidos. También fue promovido su hermano Bernardo, quien ahora está en un equipo de ligas menores de los Rangers en los Estados Unidos.
Cuando Belfi y yo hablamos, él admitió que ha sido difícil jugar béisbol con todas las cosas que han estado en su cabeza. “Yo decía, ¿para qué seguir más trabajando si lo que yo consigo siempre lo pierdo?” se preguntó.
Los entrenadores y los escuchas que han observado a Belfi durante años me dijeron que es obvio que lo que le ha pasado ha afectado su juego. Uno dijo, “Estos hombres le quitaron todo lo que él tenía y le robaron su motivación”.
En un día de junio caluroso y nublado, el equipo de Belfi recibía a los Marineros de Seattle. Fue un partido desordenado, lleno de errores y de bateadores que recibían golpes de bolas rápidas que los lanzadores aún no habían aprendido a controlar. Las únicas personas en las gradas, además de unos cuantos familiares, eran escuchas y oficiales que registraban cada dato. Pero los jugadores vitoreaban, coreaban y sacudían la verja de alambre de la caseta. Belfi no estaba en la alineación.
Cuando lo encontré después, Belfi explicó que sus entrenadores lo tenían haciendo práctica de bateo la mayor parte del juego. Ellos querían que él trabajara en “un poco de todo”, dijo él. A pesar de que los Diamondbacks lo ponen en el banco con frecuencia, Belfi todavía parecía esperanzado. Le pregunté cuál era su objetivo inmediato, y me dijo con una sonrisa, “salir de aquí lo más rápido posible”.
Un mes después, en un partido empatado en entradas extras en contra del equipo de los Cachorros, los Diamondbacks llamaron a Belfi para batear como sustituto con dos outs y dos hombres en base. Él disparó un sencillo al jardín central para ganar el partido. Sus compañeros de equipo lo rodearon, y Belfi, con una gran sonrisa, saltaba de alegría con los brazos en alto.

